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Cafés, tabernas y bares; el viejo y sabio aroma de nuestra identidad

13, julio | Sin comentarios
Cafés, tabernas  y bares; el viejo y sabio aroma de nuestra identidad

Alberto Suárez Fdez.-Serrano - Be-ver       

Llevo unos días dándole vueltas a una noticia que anunciaban los medios de comunicación: un estudio afirma que los españoles (así como igualmente las españolas), tocamos a un bar por cada 175 personas. En otras palabras; que somos uno de los países con más bares por habitante del mundo mundial. Este estudio se jacta diciendo que contamos con más tabernas y bares, que todo el “imperioso” territorio de los EEUU junto (será que los yanquis son más de “ponerse finos” en los estadios de beisbol o fútbol americano) ¡Pero la cosa no queda ahí! Los españole, no es que tengamos más bares que bibliotecas (algo que la noticia no afirma como tal, pero que deja “caer” entre líneas, de forma elegante y mordaz) este mismo año, estos negocios ¡han aumentando un 2% más, que el anterior año 2015! Estos españoles, ¡cómo somos! ¿Verdad?

Yo me pregunto al respecto: ¿No será que los “bares”, como lugar y concepto (ya sea un moderno e-bar o una tasca de mala muerte) no forma parte de nuestro ADN? ¿No será que significa (nos guste o no) una de nuestras señas de identidad? una barra donde conversar, reír, reencontrarse con amigos, disfrutar o incluso llorar; una cerveza, cóctel, café, vino o “copazo” con el cual brindar y reencontrarse; donde saborear y relamerse con un buen puchero, tapa, pintxo o aperitivo…

Recordarán Uds. que gran parte de nuestra literatura, poesía o teatro se la debemos a las tertulias y a los “cafés”, donde en torno a una pequeña mesa se reunían la gran mayoría de “nuestros grandes” como: Valle-Inclán, Gustavo Adolfo Bécquer, Buñuel, Miguel de Unamuno, Lorca, Ortega y Gasset, Torrente Ballester, Jacinto Benavente, Antonio y Manuel Machado… con una gran cantidad de versos, ideas o estribillos; pocas monedas en sus vacíos bolsillos; largas y acaloradas discusiones. Solía decir el mismo Valle-Inclán que Cafés como “El Pombo”, “Gato Negro”, “Gijón”, “El Colonial”, “Café de Levante”... han tenido “más influencia en la literatura y el arte contemporáneo, que dos o tres universidades y academias”.

Quizás estemos cambiando algo nuestra identidad: el mismo estudio afirma que, cada vez más, aumentan las franquicias (sí, esos establecimientos estudiados al milímetro como un mero negocio, donde sus clientes sólo son números) acarreando a los bares “Manolo” o “Paco”, un descenso hasta casi extinguirlos, o casi peor; meros escaparates “viejunos” a los que capturar con los smartphones y publicarlo en las redes con hashtags como #elbardelpueblo #AquínohayWIFI y otros improperios, merecedores de un “garrotazo bien dao” por parte de sus abuelos. Aquellos que cuando querías buscarlos por algún motivo allí estaban, en torno a una mesa con su “Sol y Sombra”, bajo una espesa cortina de humo de cigarros y puros, y con la fija atención en una eterna y acalorada partida de cartas.

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